jueves, 19 de noviembre de 2020

Corto sobre el Stambrook

Ha llegaado a mis manos un artículo desde Memoria Histórica sobre un corto, que no tiene desperdicio y que, citando su fuente y autora, Marta Moreira, me atrevo a reproducir. Y aquí está.

 

memoria histórica

El Stanbrook, un material inagotable para la ficción

Marta Moreira

El último cortometraje de Óscar Bernàcer, premiado recientemente en la Seminci de Valladolid, se centra en la agónica maniobra de evacuación de exiliados republicanos en el puerto de Alicante que tuvo lugar durante los últimos compases de la guerra civil. El dibujante Paco Roca y los escritores Rafael Torres y Gregorio León también se han asomado por anterioridad a este episodio histórico

 


 19/11/2020 - 

VALÈNCIA. Quedan pocos documentos gráficos de la caótica y trágica huida de republicanos a bordo del navío británico Stanbrook. Una maniobra de rescate heroica que ayudó a salir de España a 2.638 personas, dejando a cerca de 12.000 -familias enteras, soldados, alcaldes, maestros, periodistas, obreros, diputados- varadas en el puerto de Alicante aquel 28 de marzo de 1939. No cabía un alma más en aquel viejo y herrumbroso carbonero inglés capitaneado por el ya mítico Archibald Dickson. La salida del Stanbrook rumbo a la ciudad argelina de Orán, que tuvo lugar a las once de la noche y con las luces apagadas (para sortear mejor los proyectiles lanzados por el crucero franquista Canarias), marca de forma simbólica el fin de la guerra civil española.

La evacuación humanitaria del Stanbrook, así como las consecuencias que se derivaron de ella, tanto para aquellos que se quedaron en tierra, como para los que llegaron al norte de África, desafían cualquier relato de ficción bélica. Las represalias para aquellos que se quedaron; la compleja relación de convivencia que se estableció entre la población civil y los fascistas italianos que permanecieron un tiempo en Alicante; el decepcionante trato que recibieron los españoles exiliados en los campos de internamiento franceses; el hundimiento del Stanbrook a manos de un torpedo unos meses después; el alistamiento de republicanos españoles en la División Leclerc durante la Segunda Guerra Mundial. La lista de ganchos literarios y cinematográficos es abrumadora. ¿Dónde poner el foco?

El guionista y director Óscar Bernàcer, que acaba de recibir el Premio al Mejor Corto Español en la última edición de la Seminci de Valladolid por Stanbrook, concentró su atención en el capitán Dickson, que decidió embarcar a cuantos refugiados pudo, en lugar de la carga de naranjas, azafrán y otros productos que se supone que había ido a recoger al puerto de Alicante para transportarlos a otras partes de Europa. Las embarcaciones de rescate por las que había pagado el gobierno de la República no consiguieron esquivar el bloqueo marítimo franquista, dejando a una multitud de personas sumidas en una creciente desesperación, conforme llegaban noticias de la caída de los últimos bastiones republicanos en la península. La ofensiva sobre Alicante era cuestión de horas. En el cortometraje, Bernàcer comparte con nosotros cómo imagina él aquella triste estampa. Desde aquel navío, el capitán galés y su tripulación verían una cenefa horizontal de seres agolpados en el muelle. Podemos intuir cómo flaquearon los ánimos; cómo se espigaron los nervios, arañando las paredes del estómago. Podemos imaginar un silencio tenso y frágil, desplegándose como una sombra de mal agüero. Se sabe que algunos claudicaron allí mismo y se quitaron la vida en el mismo puerto.

 


 “Quería mostrar las dos caras de aquel momento -nos explica Bernàcer-. Por una parte, la crudeza y la desesperanza de los refugiados, que se concreta en la figura de un padre y una hija, y en el de una maestra que viaja con su madre anciana. Todos ellos son un compendio de personas reales. Incluso hay detalles en los personajes secundarios que están extraídos de testimonios que he leído. Por otra parte, el cortometraje se centra en la tensión que vivió el capitán Dickson y la tripulación al verse metidos en una situación como aquella. Quise imaginar cómo fue el momento en el que tomaron la decisión de recoger a toda aquella gente agolpada En realidad, hay varias lecturas sobre este hecho a nivel histórico. Unos dicen que el capitán tomó una decisión heroica por razones puramente humanitarias. Otros, los menos, dicen que fue un negocio y se cobró el pasaje a quienes tenían dinero. Yo me quedé con la primera versión, que creo que es la que todos queremos pensar, aunque supongo que hay muchos matices. Me interesaba recrear esa acumulación de angustia y tensión que observa el capitán desde su buque, y que le lleva a tomar una decisión sin punto de retorno. No nos olvidemos de que asumió un enorme riesgo para él mismo y su tripulación, y que él debía de responder de lo que ocurriera a partir de entonces”.

No es difícil vincular la maniobra del Stanbrook con las acciones humanitarias del Open Arms en el mar Egeo, por poner solo un ejemplo. “Tuve muy en cuenta estos paralelismos a la hora de escribir el guion -señala Bernàcer-. Está pensado para que pudiese funcionar igualmente si hubiese puesto actores africanos senegaleses o refugiados que huyen de la guerra de Siria. Este ha sido uno de los retos que más me motivaba de este proyecto. La historia de la humanidad es muy cíclica. Y ahora los refugiados han cambiado el sentido de los botes; los exiliados republicanos huyeron al norte de África, y ahora ellos vienen aquí. Y, si lo piensas bien, ¿acaso la cuarentena que tuvieron que aguantar los españoles retenidos a bordo del Stanbrook a su llegada a Orán no se parece mucho a un CIE de hoy en día?”.

Rodada en blanco y negro, con cámara al hombro en algunas escenas, y una estética fotográfica que nos sitúa en un lugar impreciso entre la ficción y el documental, Stanbrook recrea con mucha efectividad el desbordamiento emocional de una masa de gente que espera horas, incluso días, en el puerto. E imagina situaciones límite en las que saltan por el aire las convenciones sociales y se hace hueco el “sálvese quien pueda”; también otras en las que aflora la dignidad y la solidaridad con desconocidos, repentinos compañeros de infortunio. “El clímax de la tensión dramática la sitúo en una escena en la pasarela del barco que probablemente debió suceder de forma distinta. Es ese momento en el que impera la supervivencia y se rompen muchos principios. Son momentos en los que ya nada tiene valor. Ni las clases sociales, ni la cortesía”.

 


Cada uno de los personajes representa una parte de esa España que se estaba rompiendo. Hay una madre ausente, que simboliza el papel activo de la mujer republicana durante la guerra (¿quizás no está porque murió en el frente o fue encarcelada por sus ideas?). Hay una maestra autónoma y con voz propia, una hija del sufragismo que “representa los avances femeninos en la época de la República”. También hay una mujer anciana, muy presente, pero que no tiene ni una línea de diálogo. “Ella es la sensación de fracaso de la generación anterior a la de los combatientes. Una generación que se ha quedado sin palabras ante la incapacidad de los que son más jóvenes para ponerse de acuerdo”.

El rodaje de exteriores no se desarrolló en Alicante, sino en los viejos astilleros del puerto de València donde se construirá la nueva estación de pasajeros. Poco antes había estado rodando allí Rodrigo Sorogoyen algunas escenas de la serie Antidisturbios. “Las escenas del barco las rodamos en un decorado. Me hubiera gustado rodar de forma mas abierta con la cámara moviéndose entre historias de tierra y barco, pero eso necesita muchos medios y no fue posible. Este corto ha llevado un trabajo enorme de posproducción de seis meses, pero el resultado creo que es muy bueno”.

Stanbrook es la antesala de un largometraje, ambientado en el mismo periodo histórico, que le ronda la cabeza a Bernàcer hace años. Le tentaba la idea de llevar a la gran pantalla la fabulosa novela gráfica de Paco Roca Los surcos del azar, pero el realizador Daniel Monzón (Celda 211, La Caja Kovak) se adelantó al adquirir los derechos de la historia. En cualquier caso, Bernàcer (nominado a los premios Goya 2021 por el cortometraje El Deseado) sigue adelante con la idea de exprimir el potencial cinematográfico del final de la guerra civil. Un episodio histórico que tiene todavía muchos enfoques por explorar.

“Descubrí la historia del Stanbrook hace años por pura carambola. Me enviaron un día unos textos que hablaban de un aeropuerto que utilizó la aviación fascista italiana durante la guerra civil cerca del pueblo mallorquín de la madre de un amigo de mis padres. Al parecer, esta mujer tenía una perrita, y uno de los aviadores se llevó la perra a un vuelo como cosa graciosa, y ya no volvió. Los italianos proporcionaban militares y armamento al bando franquista. Salían de Mallorca con sus barcos y bombardeaban desde Cataluña hasta el Sur de Alicante. Quise saber más, y empecé a leer y a ver documentales sobre el tema. Y así es como llegué al bombardeo del mercado de Alicante, de ahí al Stanbrook. En el proceso encontré la novela de Paco Roca sobre La Nueve, que es un historión”, apunta el realizador mallorquín y cofundador de la productora Nakamura Films.

 


La vinculación con La Nueve

La novela gráfica de Paco Roca sobre la historia de la formación de La Nueve -es decir, la de los republicanos exiliados españoles que se sumaron a la Resistencia Francesa junto a la División Lecrerc y fueron los primeros en liberar París de los nazis en 1944- está considerada como una obra maestra en su género. El dibujante valenciano decidió ilustrar esta aventura a través de personajes y anécdotas verídicos, pero dejando un margen amplio a la imaginación a la hora de tejer el relato a través de la figura de Miguel Campos. La biografía de este anarquista canario era hasta hace poco un gran enigma, lo que lo convertía en el candidato perfecto para que Roca lo moldeara en su libro. “Es en sí mismo un personaje muy novelesco, porque los testimonios que nos han llegado, entre ellos del famoso capitán Dronne, lo describen como un gran combatiente. Un tipo muy valiente, especializado en operaciones de sabotaje muy peligrosas en las líneas enemigas. Pero desapareció de repente, y nadie, ni su familia, saben qué pasó con él. Nunca se encontró su cuerpo. También se especuló mucho con la idea de que había desertado. Y yo justamente necesitaba un personaje que me diese juego para especular, porque la biografía de los otros miembros de La Nueve, como Amado Granell -del que sí sabemos que llegó a los campos de trabajo de Argelia tras desembarcar del Stanbrook- o Federico Moreno sí pueden rastrearse de principio a fin”.

En Los surcos del azar, Roca fabula con la idea de que Miguel Campos partió del puerto de Alicante en aquella complicada travesía hacia Orán, y que una vez allí permaneció en cuarentena antes de ser trasladado a un campo de internamiento y después a la construcción de la vía ferroviaria Transahariana. Allí fueron humillados y tratados como esclavos por las autoridades francesas, sobre todo tras la firma del armisticio de la Francia de Vichy con la Alemania nazi, que afectó a parte del territorio francés y a la totalidad de sus colonias. Es también la historia de cómo escaparon para unirse a la Resistencia Francesa encabezada por el general De Gaulle, integrándose en la 9ª Compañía de la División Leclerc.

Sin dejar de ser una obra de ficción, Los surcos del azar ilustra maravillosamente y con mucha rigurosidad multitud de capítulos fundamentales de ese pedazo de nuestra historia reciente. Ello requirió una ardua tarea de investigación de varios años, y continuas correcciones. Destaca sobre todo la ayuda del historiador Robert Coale; también documentales como La Nueve, los olvidados de la victoria, de Alberto Marquardt; libros como El hombre que liberó París, de Rafael Torres (autor, a su vez, de la novela Los Naúfragos del Stanbrook), así como artículos de hemeroteca del Diario Información de Alicante o los testimonios escritos de Max Aub en los que hablaba de su paso por los campos de trabajo argelinos. Aun así, el cómic se toma algunas licencias artísticas, como cuando Roca dibuja al Stanbrook entrando en el puerto. Tal y como explica el propio autor en la edición ampliada de Los Surcos del Azar, en realidad el buque inglés llevaba más de una semana en Alicante cuando los refugiados comenzaron a subir a bordo.

“Algunos pasajes del libro fueron complicados porque casi no hay fotografías. Hay una del puerto de Alicante unas horas después de que todo terminase y el ejército italiano llegase allí. También alguna de la llegada a Orán, que me daba más o menos una idea de cómo era el puerto y el barco. La carencia de material gráfico es un problema, pero también te da un margen de libertad muy interesante para especular”, apunta Roca.

La princesa de Macao

El periodista y escritor Gregorio León (Pilar de la Horadada, 1971) también quiso asomarse con la imaginación a aquella noche del 28 de marzo de 1939. La princesa de Macao (Algaida, 2018) es un “thriller sentimental” que arranca con la salida del exilio en el Stanbrook y termina durante la Segunda Guerra Mundial en la antigua colonia portuguesa de Macao, donde sobrevivían espías, traficantes, piratas o estrellas del cine en un ambiente asfixiante. Ese es el trayecto que realiza su protagonista, Diana, en busca de Ramiro, el hombre del que se enamoró durante bombardeos como el del Mercado Central de Alicante -que el 25 de mayo de 1938 mató a más de 300 personas-. La llegada de las tropas italianas que controlaron la ciudad y se relacionaban con la población civil propició que surgieran historias de amor entre militares y jóvenes alicantinas. El hijo de uno de esos italianos proporcionó al autor varias cartas de amor en las que también se inspira esta novela. El personaje de Ramiro está de hecho basado en la figura de Cayetano Zaplana, uno de los republicanos que pudo escapar del asedio de las tropas franquistas y terminó en el desierto del Sahara construyendo el Transahariano (igual que Miguel Campos en el cómic de Paco Roca).

“El instinto periodístico me llevó a buscar algún superviviente del Stanbrook. Y para mí sorpresa, lo encontré en El Pilar de la Horadada, muy cerca de donde yo nací. No fue fácil acceder a Cayetano Zaplana. No se sentía héroe de nada, ni quería darse importancia. Pero al final logré entrevistarlo. Me habló de los escorpiones, de las moscas, de la sed y el hambre que se encontró en el Sáhara, y de crímenes cometidos por los guardianes del campo de trabajo de Colomb-Bechar. No tenían gas mortal, pero sí cultivaban el mismo instinto perverso y criminal de los nazis. Cayetano me enseñó su biblioteca, muy nutrida. Cuidadísima. Y ese amor por la cultura y los libros nació en Camp Morand, etapa intermedia antes de acabar en mitad del desierto, donde las Juventudes Libertarias crearon escuelas. De Cayetano Zaplana tengo dos imágenes: él mirando orgulloso su biblioteca, o consultando con una lupa de aumento documentos y fotografías de aquellos años. Pero no hablamos de Miguel Ruiz, el protagonista del cómic de Paco Roca, que es altamente recomendable”, explica Gregorio León a Culturplaza.

 


“Los soldados de la División Littorio instalaron su campo en la zona de San Juan, alojándose en pensiones y casas particulares. Y surgieron romances fugaces. Yo pude acceder a las cartas que uno de esos italianos le remitió, ya devuelto a Alicante, ese soldado a su novia alicantina. Me las envió su hijo, y emocionaban, como cualquier carta de amor. Y varios testimonios recabados hablan de su educación hacia la población local. Es curioso que el primer periódico que se editó en el Alicante ya nacional se llamaba Il Littorio, escrito en italiano e impreso en los talleres de donde antes nacían las páginas de la publicación comunista Nuestra bandera”.

Con respecto a las conjeturas acerca del papel del capitán del Stanbrook, Archibald Dickson, en el rescate de republicanos españoles, Gregorio opina que es indemostrable que Archibald Dickson pidiera dinero para permitir el embarque de las personas concentradas en el puerto de Alicante. “Hasta se extendió el rumor de que la noche de antes se fue copas, y al día siguiente actuó sin ser plenamente consciente de lo que hacía. Me parecen fantasías novelescas. Sí pude recabar testimonios de supervivientes (Helia González o el propio Cayetano Zaplana), y me confirmaron ese carácter heroico del capitán Dickson. La única transacción acreditada en toda esta operación de salvamento del Stanbrook es que el barco llega a Orán y las autoridades francesas pidieron 170.000 euros para permitir el desembarco, después de una larga cuarentena de un mes”.

Otra duda que surge es si fue el Stanbrook el único buque que logró esquivar el bloqueo del puerto por parte de los fascistas, o si por el contrario hubo más barcos que lograron evacuar a republicanos. “Hubo más barcos, pero el número de republicanos evacuados es menos significativo. El 28 de marzo de 1939 solo había dos barcos en el puerto de Alicante. Aparte del Stanbrook, quedaba el Marítime, utilizado por 32 autoridades republicanas de la provincia. Antes de esa fecha, otras embarcaciones como el Winnipeg, el Ronwyn o el Marionga rescataron a algunos exiliados, sin contar con barcos pesqueros que se hicieron a la mar desde El Campello o Torrevieja”. “El Stanbrook salvó a 3.000 republicanos -añade-. Pero otros 12.000 quedaron abandonados a su suerte, y fueron recluidos en campos de concentración habilitados a toda velocidad: La Goteta, conocido como campo de los Almendros, o el de Albatera. Pero no solo ahí. También en la plaza de toros de Alicante, en el cine Ideal, y hasta el castillo de Santa Bárbara, donde se pueden encontrar rastros visibles de la concentración de hasta 4.000 presos. Hay inscripciones grabadas recordando su paso por aquel castillo convertido en cárcel. También sirvió de prisión el Reformatorio de Adultos, donde es recluido el poeta Miguel Hernández. Moriría nueve meses después”

 

viernes, 11 de septiembre de 2020

Referencias a la vida de Nieves

 En las páginas 128 y siguientes del libro de Alicia Alted Vigil: "La voz de los vencidos", aparecen unos datos y referencias sobre Nieves Cuesta como uno de los muchos ejemplos de las miles y miles de personas cuya vida fue condicionada y marcada por las distintas contiendas en las que España se vió inmersa en el siglo pasado: Revolución del 34, Guerra Civil y II Guerra Mundial.

Todo el libro representa un alegato a la, en todo caso, injustificble prepotencia de los vencedores en las explicaciones de las sucesivas sublevaciones y masacres, frente a la injusta posición de los vencidos en su impotencia para poder explicitar sus puntos de vista, su propia historia.

La historia reciente de esta España, despues de esta obra, sin duda queda mejor reflejada, porque con suma objetividad y aportación de datos tras una gran dosis de investigación, la autora incorpora capítulos en muchos casos inéditos con perspectivas distintas.



La voz de los vencidos:

El exilio republicano en el presente.

En torno a un libro de Alicia Alted Vigil*

DOLORES FERNÁNDEZ

Universidad Complutense y AEMIC, Madrid

 

 Estamos viviendo un momento muy especial en España, donde es creciente el interés por el pasado inmediato. Han comenzado a abrirse fosas en busca de los restos de los asesinados durante y tras la Guerra Civil, las necrológicas de los fusilados entonces inundan las páginas de los periódicos y se han elaborado documentales que popularizan estos temas. Y el exilio republicano no es ajeno a este nuevo interés, basta recordar la extraordinaria acogida que tuvo la exposición Exilio celebrada en el Retiro madrileño en el 2003, con colas de visitantes que aguardaban pacientemente durante horas para acceder al recinto. A esta se sumó, poco después, la dedicada a El exilio de los niños, itinerante por diez ciudades españolas, comenzando en Bilbao y terminando en Madrid. Hemos entrado en una nueva dimensión social de la historia, con el testimonio como principal protagonista, un fenómeno que viene después de la labor rigurosa de decenas de historiadores que en las últimas cuatro décadas han investigado de forma constante en archivos, hemerotecas y bibliotecas.

Parece que ha llegado el momento de que la sociedad española afronte el pasado inmediato de tal manera que se produzca un verdadero proceso de reconciliación nacional. Es difícil evitar la impresión, decía hace muy poco Sebastián Faber (1), un observador desde «fuera», de que España está viviendo algo así como una segunda transición.

Pero con esta «segunda transición», comienzan a surgir polémicas que no hemos vivido antes y la mentira se abre camino pasando por alto los trabajos que con tanta minuciosidad vienen realizando los historiadores desde hace años.

El fenómeno no es nuevo, otros países lo han vivido antes. Hace muy poco, el historiador Ludger Mees nos recordaba que en los años ochenta del siglo pasado se desencadenó una disputa durísima entre historiadores alemanes. Lo que se conoce como el Historikerstreit: por un lado algunos revisionistas que querían tergiversar la historia del nazismo confines políticos y, por otro, los defensores de la verdad, entre los que destacaba, fundamentalmente, Jürgen Habermas. Aquella polémica tuvo un importante seguimiento mediático y facilitó la incorporación al debate de amplios sectores de la ciudadanía alemana en una socialización que resultó muy beneficiosa, a la larga, para la democracia (2).

Los revisionistas españoles, sin embargo, con muy contadas excepciones, no tienen vínculo alguno con la historiografía académica, pero su penetración social está siendo extraordinaria y gracias a ellos puede acabar imponiéndose la tesis de que la República fue la verdadera culpable de la guerra, que Franco se vio forzado a intervenir para poner fin a la ingobernabilidad, el caos y la anarquía, al tiempo que los exiliados se fueron por gusto y prosperaron en los países de acogida, motivo por el cual no quisieron volver. La socialización del debate, por tanto, debe ser una preocupación que afecte también a los historiadores porque, como dice Ludger Mees, «la historia no es una ciencia exacta y puede permitirse muchos caprichos contra pronóstico. Está bien que tampoco en España el pasado quiera pasar, pero la lucha por determinar quién escribirá este pasado, y en qué términos lo hará, no está, ni mucho menos, decidida» (3).

Me parece necesaria esta introducción porque encuentro que el libro de Alicia Alted, La voz de los vencidos (4), reúne todos los requisitos para esa socialización necesaria delos temas que durante tanto tiempo han estado restringidos a los historiadores. Y eso, por supuesto, sin merma alguna de la claridad, rigor, estudio y defensa de la verdad de todo historiador que se precie.

Está claro que sobre el exilio ya se han publicado numerosos libros, la nómina es amplísima, no hay más que ver la bibliografía aportada por la profesora Alted, pero, realmente, no han calado en la sociedad, en la que todavía existe un extraordinario desconocimiento del fenómeno. En 2001 Consuelo Soldevilla Oria (5) hizo un esfuerzo de síntesis, con una monografía que abarcaba a los fernandinos, afrancesados, liberales, carlistas, republicanos
y demócratas españoles que tuvieron que salir de España por motivos políticos durante los siglos XIX y XX. Ahora acaba de aparecer otra monografía más extensa, detallada y documentada sobre igual temática, a cargo de Juan B. Vilar (6). España es tierra de exilio.

El libro de la profesora Alted no pretende agotar la ingente nómina de textos publicados sobre el exilio republicano de 1939; la autora parte de dos criterios fundamentales en su selección, por una parte recoge los trabajos de carácter general en torno al tema, y después se ocupa de las obras colectivas que han sido resultado de reuniones científicas. También incluye los monográficos de revistas científicas dedicadas al exilio así como repertorios archivísticos y bibliográficos y catálogos de exposiciones. Quizá las obras que se pueden obviar, dentro de esta amplia bibliografía, son las de carácter autobiográfico, memorialístico, las obras de creación, estudios y bibliografías sobre autores y los trabajos más específicos referidos al exilio en las diferentes comunidades autónomas que están recibiendo una atención especial, sobre todo en el País Vasco, Cataluña y Valencia. Es cierto que a partir de los años ochenta la producción bibliográfica sobre el exilio no ha dejado de crecer, y no tiene sentido dar cuenta de su totalidad, porque hoy en día el exilio se ha convertido en un tema inabarcable. No obstante, esta abundancia de bibliografía sigue siendo insuficiente para algunos temas, pues quedan muchas lagunas por cubrir y muchos aspectos que conocemos insuficientemente, entre los que se encuentran las aportaciones de los exiliados a los países de acogida. En los últimos tiempos han ido surgiendo numerosos grupos de trabajo, tanto en España, como en Francia o México, y están dando extraordinarios resultados avorecidos por la red de Internet. En este medio destaca la lista de distribución Red de Estudios y Difusión del Exilio Republicano (REDER@LISTSERV.REDIRIS.ES) creada en 1999. Y entre todos estos grupos merece la pena poner tres ejemplos destacados en el ámbito académico: el grupo GEXEL (Grupo de Estudios del Exilio Literario) con sede en la Universidad Autónoma de Barcelona, la AEMIC (Asociación para el Estudio de los Exilios y Migraciones Ibéricos Contemporáneos) con sede en la UNED, en Madrid y el CERMI (Centre de Etudes et Migrations Ibériques) con sede en la Université París VII, París (Francia). Entre los tres grupos se han realizado Seminarios y Congresos entre los que destaca el Congreso Plural Internacional promovido por GEXEL en 1999, cuando se cumplían 60 años del inicio del éxodo, en 1939.

Lo más interesante de La voz de los vencidos, junto a la labor de síntesis sobre el exilio republicano español de 1939, son las muchas referencias personales de exiliados de muy distinta extracción, lo que le da un sentido esencial al título. Esta voz es, realmente, una apuesta personal de la autora, quien decía en una entrevista: «He puesto todo el corazón en este trabajo que narra la experiencia y el sufrimiento de tantos españoles que debieron abandonar su país forzados por un régimen que les perseguía; les he dado voz a los que se marcharon y les he devuelto ese protagonismo que se les había negado durante tantosaños» (7). Durante mucho tiempo, Alicia Alted ha recopilado testimonios, ha estado al lado de la gente de a pie, ha levantado acta de sus experiencias y recuerdos y ha dado fe de su dolor. Y todo ese trabajo está presente en estas páginas. Como dice la autora en las Motivaciones: «El libro lo he escrito sobre la base de numerosas investigaciones previas recogidas en estudios monográficos, en las que trabajé con documentación de archivo y, sobre todo, con testimonios orales» (8). La base de estos testimonios orales, por tanto, es lo más especial y valioso de este volumen, aquello que puede tocar realmente el corazón del lector, pues La voz de los vencidos está escrito para todos, no solo para los especialistas. Yes que, como dice la profesora Alted con bastante acierto: «Aunque los libros de Historia suelen recoger los nombres de los protagonistas que se consideran relevantes, los que verdaderamente hacen la historia son las gentes anónimas, combatientes que luchaban en el frente; mujeres, niños y ancianos que trataron de sobrevivir a los bombardeos y a la destrucción; los varios cientos de miles de personas de toda clase y condición que tuvieron que exiliarse…» (9). Esa es la verdad, la emoción que encontramos en estas páginas, en las que se van hilvanando, de manera muy refinada, los datos con los testimonios.

España es tierra de exiliados, como veíamos en los libros de Soldevilla y de Vilar, pero lo que caracteriza el exilio republicano de la Guerra Civil española, y que lo diferencia del resto, es la pluralidad, una condición que viene dada por las diferentes variables sociodemográficas de sus integrantes, y que tienen que ver con su múltiple procedencia geográfica, su composición demográfica y social, su diversificación profesional y su compleja y diferente militancia política. Y a toda esta complejidad se le añaden las distintas formas de asentamiento en los diferentes países de acogida, en continentes tan dispares como Europa, América o, incluso, Asia.

Hay otros aspectos que definen este exilio y que la profesora Alted analiza en profundidad. Estos son la larga duración, la reconstrucción de las instituciones de la República y, en suma, el valor cualitativo del exilio.

Un aspecto especialmente relevante y que queda muy claro en el libro, es el tema de la acogida en los países de asilo pues, a pesar de los mitos acerca de la bondad de aquel fenómeno, la realidad fue muy distinta. Los exiliados se encontraron con numerosas condiciones impuestas por los respectivos gobiernos, con manifestaciones abiertamente en contra de su aceptación y objeciones de una parte importante de la sociedad receptora. Un caso aparte serían los «niños de la guerra», que la profesora Alted ha estudiado especialmente en otras ocasiones, incluida la exposición El exilio de los niños.

Es verdad que hubo numerosas movilizaciones a favor de los exiliados, es justo reconocerlo, pero eso no les evitó el angustioso periplo al que se vieron sometidos. A los que se quedaron en Europa y en la Unión Soviética, además de sufrir la espantosa reclusión en campos de concentración (de ahí el capítulo «Francia ¿tierra de asilo?») o las distintas formas de agrupamiento forzoso, y las múltiples vicisitudes de integración y adaptación a las que tuvieron que enfrentarse, les esperaba la tremenda experiencia de la Segunda Guerra Mundial, que sufrieron con toda su crudeza, pues muchos sucumbieron en los campos de exterminio nazis10. Los que pudieron optar por la emigración hacia América Latina, a pesar de compartir el idioma (por lo que se les dio en llamar trasterrados), encontraron otras dificultades derivadas de las distintas complejidades políticas y sociales. Todos, unos y otros, con la esperanza siempre puesta en el regreso a una España democrática y republicana.

El libro abarca el exilio en los distintos países, tanto en Europa como en Hispanoamérica. Entre los diez capítulos cabe también destacar el dedicado a los expatriados en el Norte de África y el de las repatriaciones y retornos a España y, especialmente, el último, el dedicado a la pervivencia de la memoria del exilio en la España democrática, en el que se analiza la trayectoria del exilio dentro y fuera de nuestras fronteras, desde el proceso de transición democrática a la actualidad.

La voz de los vencidos puede marcar un antes y un después en la historiografía del exilio republicano español, pues la compilación exhaustiva de todas las facetas del exilio lo convierte en una obra de consulta ineludible y punto de partida para las futuras investigaciones, al tiempo que es un ejemplo para el historiador del Tiempo Presente, por la forma de entretejer Historia, Memoria y Testimonio.

 

1 FABER, Sebastian: «Entre el respeto y la crítica. Reflexiones sobre la memoria histórica en España» en Migraciones & Exilios. Cuadernos de AEMIC, nº 5, Madrid, diciembre 2005, pág. 43.

2 MEES, Ludger: «El pasado que no quiere pasar», El País, Madrid, 15-9-2006.

3 Ibídem.

4 ALTED, Alicia: La voz de los vencidos. El exilio republicano de 1939, Madrid, Aguilar, 2005

5 El exilio español (1808-1975) Madrid, Arco Libros, S.L., 2001

6 VILAR, Juan B.: La España del exilio. Las emigraciones políticas españolas en los siglos XIX y XX.

7 Entrevista de UBERO, Antonio J., «Alicia Alted se alía con el tiempo para hacer justicia a los exiliados. La voz de los vencidos es un documento riguroso y emocionante», Diario de Valencia, Valencia, 22 de junio de 2005, pág. 46.

8 ALTED, Alicia op. cit. pág. 19.

9 Ibídem, pág. 18

 

ALTED VIGIL, Alicia: La voz de los vencidos: el exilio republicano de 1939. Madrid.
Ed. Aguilar. 2005, 515 p. + 16 p. (láms.).

 

 

 

jueves, 4 de junio de 2020

Art. La Voz de Avilés (06-12-2009)

Una sobrina de Nieves Cuesta: Elena Lago, nos hace llegar un artículo publicado en La Voz de Avilés el día 6 de diciembre de 2009. Un papel, un documento, que guarda como un tesoro de una tía a la que adoraba. No es de extrañar, Nieves se ganaba el cariño y el respeto de todos aquellos que llegaban a conocerla. Era muchas cosas, pero como amable, tranquila, conciliadora y desprendida no la ganaba nadie.













miércoles, 3 de junio de 2020

Un valioso recuerdo de Nieves


En el quinto aniversario del óbito de nuestra madre, de Nieves, tus hijos te tienen presente.

Una de sus últimas fotos


Nieves Cuesta Suárez, natural de La Pereda, Mieres, hija de José y Mercedes, pierde a su padre en la Revolución de Octubre de 1934, corta pero intensiva lucha, que tan solo duró 15 días, del 4 al 19 de dicho mes.

La baja de 3.000 hombres, muy alto precio por alcanzar un paso en la consecución de unos ideales de libertad y justicia social, deja viudas por todas las cuencas mineras, y por consiguiente, para esos años, hambre y carencias.

La situación en Asturias tuvo repercusión internacional y la Cruz Roja, con ánimo solidario y por voluntarios, promovió acciones de acogida de huérfanos de la revolución por familias valencianas.

Nieves fue adoptada por Estefanía Requena y Antonio Guardiola, matrimonio murciano alicantino para su mantenimiento y educación con carácter temporal, al igual que tres de sus cinco hermanos lo fueron también por otras familias voluntarias de Alcoy y Alicante.

Siendo Antonio, su padre adoptivo, Secretario General del PC de Alicante y que dirigía la Federación Campesina, Nieves (trece años) pronto comenzó a pensar en clave política y se hizo activista pionera y a militar en “Mujeres Antifascistas”.

Poco tiempo después, en plena Guerra Civil, a pesar del avance de los insurrectos en el 39, Guardiola aún confiaba en la victoria republicana. Pero llegado el 28 de marzo de 1939 fue absolutamente imprescindible embarcar en el Stanbrook con destino a Rusia. Era el último día de la última plaza de la resistencia republicana, entiéndase como guerra territorial.

Una vez en la URSS Nieves pierde totalmente el contacto con su familia de sangre y su único vínculo familiar es su madre adoptiva Estefanía. Antonio Guardiola por exigencia del PCUS fue destinado como delegado a Sudamérica concretamente a Montevideo, Uruguay.

A Nieves le toca sufrir la Segunda Guerra Mundial y con y por ella, la evacuación hacia el Cáucaso y los Urales.

En 1947, sin saber casi nada de España, manda una carta por una amiga de otra amiga, a través de Inglaterra, y de pura casualidad llega a su madre Mercedes, con la única dirección de su nombre y como destino: Fábrica de Bambú de Alcoy, Alicante, donde trabajaba últimamente, tras haberse desplazado de su casa de Asturias al sur, en busca de sus otros tres hijos temporalmente adoptados también como Nieves, pero que a diferencia de ellla se habían quedado en España tras la guerra civil.

Madre e hija, Mercedes y Nieves, llevaban mas de 10 años sin saber la una de la otra.

En enero de 1957 Nieves con su marido y dos hijos regresaría definitivamente a España.

El documento manuscrito de esa carta (a cuyo acceso hemos tenido desde Alcoy), y la reproducción de su texto debidamente mecanografiado a continuación, es lo que sigue.













21 de octubre de 1947

Queridísima madre, hermanos y tíos:

Mi único y mayor deseo sería que al recibo de estas letras os encontréis todos en buen estado de salud. Mi mamá Estefanía y yo estamos bastante bien, pero padeciendo mucho por la ausencia durante tantos años.

Me es casi imposible, después de tanto tiempo, dirigiros unas palabras, aunque todo lo que pudiera contaros llenaría páginas sin fin. No sé nada de ninguno de vosotros, por lo que estoy muy preocupada, y si llegan esas letras a vuestro poder quiero que me respondáis sin tardanza.

De mi puedo deciros que estoy muy bien, estudiando con afición. Desde que estamos separados me he dedicado solamente al estudio y ya voy bastante adelantada; de salud no me quejo. mi mamá también ahora se encuentra mejor, aunque en general está bastante delicada y solo espera con ansias el momento de abrazar a todos los seres queridos. Tanto ella como yo tenemos esperanzas de que este día no tardará muchos después de que yo termine mis estudios. Ella también os escribirá a todos en el próximo. Por motivo también de mis estudios no podemos estar juntas, pero durante las vacaciones siempre voy a verla y además nos escribimos muy a menudo.

Madrecita: ¡Cuánto tiempo hace que no oímos la una de la otra una palabra cariñosa! Supongo lo doloroso que será para ti recordar que tienes una hija ya tan mayor, aquella que viste por última vez tan pequeñita, y que se puede decir no conoces. Yo no me olvido de nada y mi mamá Estefanía tampoco; vivimos con el deseo las dos de encontraros y abrazaros muy fuerte. Si recibes estas letras escríbeme sin falta mucho, cuéntame muchas cosas. Yo por ahora no lo hago porque escribo esta carta con los ojos tapados, sin saber ni a quién dirigirme, ni en qué situación estáis, etc. Cuando me pongáis un poco al corriente os escribiré a todos aparte más detalladamente. Creo que mi carta te obligará a derramar lágrimas de alegría, lo estoy viendo; pero solo te pido, mamaíta, que no sufras, seas resignada y esperes con paciencia el día feliz de nuestro encuentro.

Hermanos míos: como veis no os nombro a nadie, no sé quién de vosotros leerá mis letras, pero sea quien sea de vosotros, contestarme rápidamente y decirme si no os habéis olvidado de mí, si recordáis aunque sea un poco a vuestra hermana mayor, que no os ha borrado en su mente ni un instante. Parece mentira, pero tengo ya hermanos que son hombres y mujeres como Pepín, Remedios, no me puedo imaginar lo que habréis cambiado, a lo que os dedicareis. ¿Remedios sigue en Asturias? ¿Y Jesusín? El sí que me habrá olvidado del todo, el más pequeñín. Florentina y Florentino ¿siguen tan gorditos y chatos como antes? Supongo que todos sabréis escribir y me contaréis muchas cosas. Solo os pido que hagáis como yo, que queráis muchísimo a vuestros papás, muchísimo; pero que cuidéis de la madre Mercedes, que a ella no la dejéis sola. Yo me he olvidado completamente de que mi mamá Estefanía no me dio el ser; pero al fin y al cabo, si estuviese ahí tantísimo como a está cuidaría de aquella, porque las quiero a las dos igual. Ya sois mayorcitos y debéis de comprender las cosas bien. Yo tengo la esperanza de que seréis todos buenos y honrados.

Queridos tíos y primitos (pues supongo que alguno de mis hermanos tendrá hermanitos): sólo dos palabras para decirles que también de ustedes me acuerdo mucho y espero carta. Díganme cómo son mis hermanos, a qué se dedican, si me recuerdan, etc. No pongo los nombres de ninguno porque incluso de algunos me he olvidado (quitando a Juan y Emilia), pero yo creo que me perdonarán, porque han pasado muchos años.

Mi papá no está con nosotros, porque su trabajo no se lo permite, pero me escribe muy a menudo y en julio recibí incluso un regalito de él.

Bueno os podría escribir día y noche sin terminar, pero lo haremos mutuamente poco a poco.

Un millón de besos y abrazos para todos, uno tras otro y un millón aparte para nuestra queridísima madre de quien tantísimo os quiere y desea abrazaros



                                                                       NIEVES



Escribirme sin falta todos rápidamente.

Muchos abrazos y besos también de mi querida mamá Estefanía.


Nieves: descansa en paz de tu vida azarosa que tus seres queridos nunca te olvidarán.